Hoy, por fin me conseguí bañar en la piscina de tu padre. He engañado a tu asistenta, al guarda de noche y a tí misma. Malditas sean tus canciones que me atormentaban esta noche, los olores de aligustre y flores caducas de tu patio. No sabía por qué quería, ni por qué quise, nunca supe qué estaba buscando, pero te juro princesa, que esas burbujas, cuando miraba sin gafas a través del cloro de tu piscina inmensa, cuando veía a los peces que no existieran, los neptunos, las sirenas, sólo estaba viéndome retozar entre tréboles y margaritas, solo entre abismos de gotas de agua tan clara como infinita. No pretendía nada, sólo examinar si el centro de mi estómago era tan negro como mi alma, sólo quería una última ventaja, un desquite, un escándalo protagonista. Me costó tanto como mi vida aguantar la respiración tanto como pudiera, y aunque sabía que me estaba muriendo, era como un record mundial, un esperar para ver si podía, un reto estúpido infantil. Aguanté tanto que quise morir, cabezón, como decía mi madre, tanto como para no rendirme… Y créeme que mi último recuerdo no fue un helado de calippo ni un drácula ni un frigodedo, que sólo podía recordarte a tí aquella mañana que me diste una hostia por aquella cosa, y luego un abrazo, y luego el mejor beso de mi vida. Éramos jóvenes pero ahora lo somos más, ahora que sabemos que la vida se acaba, y que es tan maravillosa como corta. Y luego,… luego ya no me acuerdo.

socks, feelings
relentless minds, whatever
an intuition cleaning your windows from outside
lamps. Many lamps in your hall or gutter
let them light your past dissapointments,
black hole of wisdom.
scarfs, feelings
hungry eyes, long winters
torchs, lanterns, suns of awakening

Los relojes asesinos me miraban con ojos de cordero

pero yo sólo quería estar en tu/mi regazo

Ella volvía un día a su casa del trabajo tarde, muy tarde; más tarde incluso del afterwork. Al girar la llave de la puerta, los cerrojos hicieron el mismo sonido de siempre, pero sutilmente distintos; más suaves. Abrió, entró y fué encendiendo las luces muy despacio, para relajar una extraña intuición que le agobiaba la nuca. Pero todo parecía en su sitio, perfectamente en su sitio.
Sin embargo algo había cambiado, y …ella lo notaba. No conseguía averiguar qué era todavía y de momento sólo parecía que todo olía más fresco, más ventilado.

Cuando lo lograra entender, la mañana siguiente iba a ser distinta de todas las anteriores. Mucho más limpia. Mucho más nueva.

los tabiques eran delgados
como paredes de papel arroz
pero ella no lo sabía

los tabiques eran translúcidos y débiles
y ella le echaba la culpa a la glaucoma

podría haberlos roto con un dedo meñique
podría haberlos derribado hasta soplando
pero recorrió kilómetros intentando bordearlos

antes de volverse despacio a su propia casa
para refugiarse

Tenía las piernas como dos palillos chinos: largas, pálidas y rectas. Sin ninguna curva porque eran tan delgadas que las curvas eran imposibles si no eran cóncavas.

Andaba deprisa y a trompicones, con el sentido del ritmo imposible que había heredado inconscientemente de Ian Curtis. Parecía que se iba a caer en cualquier momento. Pero en realidad era tan fuerte como una jirafa y testaruda como un toro de piedra. Y nunca miraba a los lados. Parecía saber siempre donde dirigía, y además, tener muchíiisima prisa.

Pero lo cierto es que no lo sabía; sólo sabía de modo aproximado lo que estaba buscando, y menos dónde encontrarlo.

Y así recorría la ciudad, cada mañana y cada noche, como si ésa fuese la última noche y la última mañana de After Hours, como si fuese a encontrarse con su propio espejo en alguna esquina, como si hubiera un desayuno para ella en algún café.

Como si las agotadas piernas de palillo chino fuesen por fin a encontrar descanso.

Ella no podía hacer dieta porque amaba demasiado a su perro.

Le daba los restos de la chuleta barbacoada cada noche y esta era su pequeña ceremonia privada de cariño cotidiano.

Por las mañanas era otra cosa.
Por las mañanas ya era tiempo de pensar en pajarillos, rincones abiertos, playas de Sorolla y cereales fibrosos con muy bajo índice glucémico.

Y aún más bajo índice de amor.

Eres un pozo de riqueza interior.
Siempre lloras para dentro.
Siempre sangras para dentro.
Siempre te miras muy adentro.
Ojalá un día explotes o te desnudes
también por dentro.
Y tus vísceras tan sabias, al menos ellas
me miren a la cara.

Tengo un mandoble que me atraviesa el aura
y me amenaza el alma.
Malditos pájaros carpinteros,
nunca dejan de cantar
canciones de guerra.

Trabajaba en el bar que está justo enfrente del Viaducto y había conocido muchos suicidas.

Lo que más le molestaba de este asunto era que nunca era capaz de reconocerlos. Eran gente variopinta de toda calaña: siempre buena gente en general, educados, que decían gracias y dejaban propina y pedían palillo y servilletas a veces. Nunca reclamaban las tapas, pero no había otra cosa que los distinguiera de los demás. Unos parecían nerviosos y otros demasiado calmados. Unos hablaban sin parar y otros callaban. Enfadados, indignados, tristes, corruptos, infieles…Unos eran otros, y otros eran unos, porque él no se acordaba ya de mucho, pero lo cierto es que alguien que sabe que va a morir no despierta ningún tufillo putrefacto, ningún alumbramiento divino, ningún aura y ningún olor a cagalera. Eran gente bastante normal a simple vista y eso le jodía especialmente, porque él era gente normal a simple vista. Y podía acabar como ellos cualquier día.

Eso le hacía pensar. Las horas muertas del bar dan mucho juego. Se supone que alguien que deja lo único que somos, nuestro momento de consciencia desde que nacemos hasta que morimos, nuestra chispa de vida en la eternidad de la nada ¿la va a apagar conscientemente así, sin más conversación? debería hacer algo más,… qué cojones,… lanzar una proclama al mundo, llamar la atención, llorar, manifestarse, algo… Pero no, estaba harto de ver, casi una vez al mes, a gente que venía, pedía una o mil cañas y se iba directamente a las noticias, a la sección de sucesos del periódico local; sin pasar por la casilla de la autoproclamación.

Y eso le hizo confirmarse a sí mismo que la muerte no es nada especial ni del otro mundo. Venimos a nacer y a morir, y morirse es como rascarse la parte convexaposterior de la oreja, pero con mucho más teatro. Y que además él no tenía sensibilidad ninguna e inteligencia poca, por tanto debía callarse y pensar poco.

…Aquel día, estaba especialmente distraído,… pero aquél día vino ella.

Y por primera vez en su vida camarera, se dió cuenta que algo pasaba. Algo le pasaba a esta chica. Tampoco era muy distinta de los otros, pero sí parecía que cuando entró en el bar era como que medio flotaba, no sé, que andaba pero sin querer. Habló de cosas normales, pero les daba un sutil giro indiferente que le hizo darse cuenta de que ELLA era uno de ellos.

Y de repente, ni coño supo por qué, después de ponerle la caña doble -que en su bar eran grandes como pintas con un golpe seco sobre la barra-, empezó a contarle una historia que le había contado su abuela.

A ver: la historia tenía unas plantas de tomate, guías, pimientos y agua y soles y moraleja, creo. Lo siento, pero no tenía una historia mejor, soltó la primera historia que se le vino a la cabeza, porque no era chaval de historias, ni recordaba completas las historias de su abuela. Y la historia, si te la cuentan en una peli con música de violines podía parecer algo, pero luego no era tan lahostia.

Sin embargo ella la escuchó, y de algún modo entendió lo que él quería decirle medio sin querer.

No dijo nada, permaneció en silencio. Sin comentario. Se quedó pensativa mirando al cielo que sobrevolaba los edificios y el Viaducto… Y en lugar de acabar con su vida decidió empezar una nueva pero que no tuviera mucho que ver con la suya. Desistió de tirarse al vacío. Y entonces le sonrió mucho y le dijo me-pasaré-otro-día-cómo-te-llamas-oye. Y se fue del bar sin más, pero su manera de andar  flotando era ahora mucho más rítmica.

Entre nosotros: es probable que la historia fuera incluso inventada, pero creo que a su abuela le hubiera gustado. Así que se paró un poco a reflexionar sobre lo que había hecho, empezó a erguirse, se limpió un poco la solapa y se estiró la chaquetilla.

Porque él ya no era gente normal a simple vista.

Y ella lo sabía.

un misterio roto

lleno de verdades

y ansiedades, un

fugaz momento, un

nada

un absolutamente
nada

Negro. Todo esta negro.

Empieza a sonar de fondo una canción de Stereolab, por ejemplo”Metronomic Underground” muy bajito. Y Todo sigue negro y a tí parece no importarte. Seguro que piensas que es normal porque es de noche y no ha amanecido todavía. Y sí pero no. Hay algo más que lo hace todo más negro, una oscuridad que no se lava con cuatro fotones de claridad medio rara. Ya empieza a amanecer y tú sigues caminando. No ves nada pero aún así sabes como orientarte por el centro de las calles apagadas. Ahora que ya empieza a verse el cielo sonríes. “Metronomic…” suena más alta poco a poco y te está dando algo de fuerzas. Supongo que crees que te sonríes del mundo y que has superado otra noche más. Pero eso nunca se sabe. Nunca has sabido distinguir la noche del negro, así que ahora más que nunca, deberías saber que esta claridad, estos primeros rayos de sol que rebosan al final de la calle por encima de la colina no significan nada. Son un pequeño espejismo pasajero y la energía de tu cuerpo, tu optimismo, bajará en cuanto empiece a levantarse el sol tan traicionero.”Metronomic Underground” está en su punto máximo, pero acabará, como todas las canciones, y tú deberías aprovechar para dormir de una vez por todas este amanecer eterno, que llevas 6 días sin descansar, y hoy, aunque no lo parezca, el día es más negro que otros días.

ELLA. Las había estado esperando muchos años. Por fin aparecieron aquella noche, las Estrellas Fugaces, y ella les pidió su primer y único deseo, el que tenía guardado desde siempre. Se lo concedieron instantáneamente y de repente se sintió muy feliz. Infinitamente feliz y completa. Pero la alegría desapareció tan pronto como había llegado. El deseo permaneció cumplido, pero la felicidad adyacente le había durado sólo un instante.
No había contado con que eran estrellas Fugaces.

-.-

ÉL. Enseguida vió la primera estrella fugaz. Y le pidió también un deseo. La estrella comenzó a crecer y a iluminarse cada vez más. Al ver como se hacía más grande, lo tomó como una señal o un presagio. Y siguió pidiendo más, y más cosas. La estrella crecía y crecía y … él había entrado en una especie de trance de avaricia convulsiva.
Murió fugazmente de madrugada. Aplastado por un meteorito o un cometa o una bola de fuego o una bolsa de excrementos caída de la Estación Espacial Europea.


Aquel día se había levantado temprano, pero no estaba dormido. Con prisa, se puso los pantalones antes de terminar de ponerse los calzoncillos, y los calcetines antes de terminar con sus pantalones, por aquello del ahorro de tiempo.
Se levantó para acabar de vestirse y se quedó parado, sorprendido y trastornado por el extraño funcionamiento de su cabeza.

Su psiquiatra le dijo que era todo normal y su psicoanalista empezó a hablarle de su madre.

Nunca supo quién de los dos le estaba tomando el pelo, así que tuvo que asesinar a ambos.
Mientras huía pensó que, si le encontraban y le encerraban, iba a tener todo el tiempo del mundo para ahorrarlo o malgastarlo, que iban a dejarle en paz. Y por fin se acabarían todas las prisas.

He pasado la noche/
copulando/
con terremotos, mareas y otras criaturas/

He depositado/
toda mi simiente futura/
y me he quedado vacío de intenciones/
pero me siento más limpio.

Mucho más virgen

Seremos como dos becerros/
enamorados/
y berrearemos en diagonal/
las cabezas juntas/
hasta que la luna llena explote.

en el Rincón pequeño
dónde guardo las cosas grandes
el Vacío se ha expandido
y ya no queda ningún sitio
.

Fue aquella mañana que estábamos tan a gusto entre tus sábanas blancas y blandas, bañadas en el sol que se escurría desde la ventana. Sentía tus cariños y tus sutiles caricias muy de lejos pero a la vez muy por dentro, tanto que me daban un placer extraño, como cosquillas interiores que no entendía del todo.
Y entonces, ocurrió. Me di cuenta que cada uno de tus besos, los más suaves, eran como un ojo minúsculo que plantabas en mi piel.   Y que cada uno de ellos se quedaba viviendo en un poro distinto de mi cuerpo y que echaba raíces, cada uno de esos ojillos un vigía que me observaba por fuera y también abría una ventanita en mi pellejo para verme por dentro.
Y no quise que pudieras ver cosas mías, de mi dentro, que yo mismo no podía, ni menos aún que me las contaras luego.  Y me sentí muy débil, de nuevo.

Mientras tu me mirabas con los ojos de plato y de interrogación, dos puntos, no pude hacer otra cosa que salir corriendo.

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Me he borrado yo mismo
como cuando me miro borracho
en un espejo marcado de dedos
y sólo veo una noche
huérfana de soles y estrellas

Un día te encontraste aquel paraguas negro y gastado apoyado en un banco del parque. Recuerda que te encantó su empuñadura roja brillante con grabados. Te pareció un paraguas muy alegre.
Interpretaste aquel paraguas como una especie de señal y, después de una mirada pensativa, lo adoptaste como símbolo de tu nueva madurez -tu siempre habías odiado los paraguas-. Desde entonces te hiciste el propósito de cambiar de vida, de ser más ordenada, más responsable y menos desmemoriada, y ese paraguas era para tí el paradigma del cambio. Y te lo tomaste en serio, demasiado en serio en mi opinión. Recuerdo que al menor atisbo de nubes en el cielo cogías tu paraguas-negro-con-su-mango-rojo-brillante al salir de casa y lo llevabas siempre contigo a todas partes. Varias veces te avisé cuando lo dejabas olvidado en una cafetería o encima del mostrador del kiosko de tabaco, pero en general, conseguiste ser bastante disciplinada con el asunto. Aunque a veces se te caía al suelo, o golpeabas en el metro a algún pasajero distraida, lo mirabas orgullosa cada vez que conseguías salir de un sitio con el paraguas en la mano, sin olvidarlo y decías: ¡qué paraguas tan bonito! y con sonrisa triunfal, te sentías por instantes una persona normal. En el fondo estabas deseando que lloviera, para demostrar que habías sabido ser paciente en tu nueva maternidad y que la espera y el orden podían darte finalmente sus frutos. Pero aquel año, recuérdalo, fue el año de la sequía y no había manera de que lloviera. Y pasaron los meses, muchos y tú cada dos por tres, con tu paraguas a cuestas, tu sonrisa triunfal y tu qué-paraguas-tan-precioso.
Pero un día, por sorpresa, cuando salíamos de aquél café tan oscuro que tanto nos gustaba, llovía. Llovía tan fuerte como hacía muchos años que no llovía, como si el agua hubiera estado esperando encerrada dentro de una nube en una presa que ahora se había reventado de repente. Me miraste girando la cabeza muy despacio mientras empezabas a sonreir muy levemente, el agua cayéndote en chaparrón sobre el pelo; tu expresión todavía más triunfal de lo habitual. Bajaste la vista y le dijiste a tu paraguas lentamente y en voz baja: ¡Dios, que paraguas tan bonito! y comenzaste extender los brazos, recreándote en el momento, y lo abrías mientras lo mirabas sonriente y el agua se escurría implacable por tu frente. Pero al empujar el mecanismo de apertura y abrirlo, no sólo estaban rotas algunas varillas, sino que la tela estaba perforada por dos grandes agujeros que habían quedado ocultos entre los pliegues. La triste verdad era que nunca lo habías llegado a abrir para comprobar si estaba entero o si funcionaba… Sin sorpresa en tus ojos, tras una pausa infinita, comenzaste a partirte de risa repentínamente y los dos nos sentamos a carcajadas en la acera, tan empapados que ya nada importaba demasiado, sin parar de reir durante varios minutos… Luego dejaste de reir un poco, nos levantamos y abandonaste el paraguas abierto sobre la acera, mientras nos alejábamos caminando por el centro de la calle. Entonces me miraste otra vez, ahora muy seria, y me soltaste a bocajarro: Es inútil,…algunas cosas nunca cambian. Y aunque era fácil disimularlo, con la lluvia resbalando por tus ojos, yo sabía que estabas llorando cuando añadiste: Quiero que no nos veamos nunca más… no, ¡No te quiero!.

***
Acuérdate que después pasamos tres días prácticamente sin salir de tu cama, en aquella habitación tan pequeña, los dos con una gripe de caballo, escuchando una y otra vez tus discos de Puccini mientras afuera, en la calle, seguía lloviendo desesperadamente. Y tú me besabas llorando el cuello muchas veces. Y también me sonreías.

 

 

(si este relato te ha recordado a París, ver comentarios)

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veremos.

a ver,

pero yo me estoy congelando

sentado en este banco.

ya iremos viendo,

como dices siempre,

pero sigo esperando paciente

mirando hacia el cielo despacio.

y no parece,

que vaya a amanecer nunca

vivo en tu entrecejo
y te imagino sintiéndome cerca de tus ojos
vivo en la mi memoria de tu recuerdo mío
y me pienso tan cerca como en tu cuerpo
y ya no quiero ser nada más

ni tan siquiera saber

si puedes verme,
si me conoces

El pellejo duro
que cerca mi cuerpo
curtido de polvo de siglos,
el sedimento sabio
que reside en mi oído

no permite el paso
del miedo.

El pellejo culto de polvo; sabio
que ensucia mi alma
y distrae mi ansia
me alimenta y me envuelve en su niebla.

Pero lo puedes destruir.
Con una sola lágrima.

o

Cada vez que te quiero
vierto un vendaval.

No me hagas reir
que me siento débil.

Aquel verano,… fue raro.

Aquel verano no hubo una canción del verano. -y punto-
Y eso no había pasado nunca. Nunca desde que P. había tenido uso de razón. -y nunca-
Desde pequeña, recordaba la radio de su abuela, la de su madre, la de su walkman, la de su vecino de la terraza de al lado, la de su coche, la del transistor de la playa,… y a todos ellos llegaba cada verano, implacable como el calor del asfalto o las vacaciones, una canción que se colaba en su vida por los agujerillos del altavoz y permanecía allí para siempre. Cada una de ellas le traía a su memoria un acontecimiento concreto, un cumpleaños, un primer amor, el olor del pelo de alguien, una comida, a un compañero de clase o al profesor de la autoescuela. Las había oído bailongas, pegadizas, alegres, maquineras y horteras, muy horteras. Pero SIEMPRE había existido una canción. Al menos UNA, cada verano.

El caso es que, aquel verano , los días pasaban, y las semanas,… Y ese himno estival que unía a la gente en el baile, en el tarareo, en los silbidos o en la crítica despectiva no llegaba nunca. Aquella cancioncilla que se pega en la parte trasera del cerebelo y no puedes dejar de cantar. La que une secretamente con sinapsis extrovertida las neuronas del inconsciente colectivo, formando una red de conexiones tan intangibles como beneficiosas para la salud popular.

Lo que más molestaba a P. era q nadie parecía darse cuenta: Nadie decía nada. La gente paseaba a sus perros -o viceversa-, tomaba cerveza y biterkás en las terrazas -o viceversa-, limpiaba-sus-gafas-de-sol-con-las-camisetas-de-algodón-fino-de-tan-buen-caer de-esas-que-venden-ahora-que-duran-sólo-dos-lavados … <suena un claxon, … uy que me duermo>… Y el ardor atravesaba el cuero cabelludo de P.. Se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo pensando al sol cuando empezaron a calentarse sus ideas al baño maría en círculos concéntricos. Pero llevada por la pasión embriagadora del pensamiento recalentado, decidió hacer algo. No podía quedarse demasiado tiempo sin hacer Nada. Se autoconvenció de que todo este asunto podía traer consecuencias catastróficas y de que ella podía hacer Algo. Y no era habitual que ella hiciera Algo, pero esta vez estaba en una misión-de-dios.

Muy científica ella, para descartar el muy posible hecho de que el efecto rallante de este verano sin vacaciones, o la ola de calor, le hubieran afectado demasiado al criterio, se encerró un día en su casa para reflexionar sobre todo ello. Y porque su vida social en los últimos meses tampoco ofrecía ninguna garantía de que no existiera tal canción y ella no hubiera sabido reconocerla. Y se dispuso a elaborar un estudio sociológico con los conocimientos tan pacientemente adquiridos en la Facultad.

Y salió a la calle, determinada a encuestar a todo aquel que cruzara su camino. No tenía demasiada pinta de socióloga. O de encuestadora. O de periodista. O de casi nada… y tuvo problemas. Con sus malos pelos y su mirada intensa, tuvo problemas. Algunas personas no le respondían, otras no le miraban, algunas le dieron pequeños empujones, una colleja, un bolsazo y otros hasta le insultaron. Pero perseveró. Perseveró mucho y consiguió muchas respuestas… y después leyó el recuento en alto, con voz de bingo, para desdramatizar un poco. Y no había canción con más de tres votos. Era evidente que no parecía haber una canción con un mínimo de carisma generalizado. Ahora estaba segura de que el mundo estaba perdido; perdido e ignorante. Pero, por si acaso, intentó seguir siendo objetiva hasta el final. Recorrió chiringuitos, terrazas, baretos y garitos. Entró en varias discos, algún club, algunos locales de moda y otros no tanto. En aquellos sitios donde no tuvo discrepancias previas con el señor de la entrada, constató a ciencia cierta -que ella era muy fina-, que no existía en absoluto unanimidad sobre la cuestión. Sonaban canciones conocidas, alguna incluso pegadiza, pero ninguna se llevaba el título indiscutible de canción del verano. ¿Dónde se habían metido los Georgie Dann, Los King Africa, los reggaetones o el Dúo Dinámico…? Aquella última noche, P. estaba muy triste. Alcohol con Depresión servidos entre los cubitos del cubata.

El año que siguió a aquel verano no fue demasiado bueno. La morriña parecía apoderarse de ella y la tristeza, de la gente. Hubo disputas en la comunidad de vecinos, problemas con su portero, atracos en el barrio y hasta una violación. También un muerto. La economía fue desastrosa en el país durante muchos años a cuenta de la Burbuja y su hermana mayor perdió todos sus ahorros en la Bolsa. Una masa uniformemente gris recalcitrante se apoderaba de la ciudad. La primavera llegó pero no salía demasiado el sol, ni siquiera llovía. No se veían niños recién nacidos por ningún sitio y P. se sentía muy mal, cada vez peor. Esa noche, en su casa, se agarró de nuevo al delirium tremens con desesperación. A la mañana siguiente, la Resaca implacable diagnosticaba muerte por desazón. El contorno de P. se desdibujaba por momentos. No tenía energías para hacer lo que debía hacer, pero tuvo un impulso y se levantó del sofá despacio, muy despacio. Pasó de largo por delante de dos cajas de somníferos sobre la mesa y fue a por su guitarra, sí, la que llevaba 20 años enterrada en polvo y llena de pelusas con nombre propio. El verano siguiente no se quedaría también huérfano de canciones. Miró los trastes. Miró las cuerdas. Y comenzó a tocarlas despacito.

_

N. del A.: Este relato medio surrealista medio esperpéntico basado en hechos reales fue escrito después del verano de 2007, cuando unos todavía decían que España iba bien y otros que estábamos en la champions económica mundial. Lamentablemente la mayoría de los hechos descritos se produjeron a posterior y desde luego NO, aquel verano no existió el perfecto hit veraniego de todos los años.

Tags: , , , , , , ,

[“USAMBO RAILWAYS”]

Un ferrocarril en espiral
que sólo llegaría dando tumbos
a sí mismo.

Sólo descubriría en su destino minúsculo,
que no necesitaba a los espejos
para hablarse.

y el ángel trapecista del vagón-circo
sólo era una mujer
vestida de brillantes

Tags:

La Estrella Amarilla significaba
             Muerte
en los pasos de rosca…

Una Estrella de Mar pecosa
     devorándolo TODO

       silenciosamente

Tags:

el Niño ciego
-cuando era niño-
no necesitaba poder ver, para despertarse.
Con su linterna
apagada
en la mano,
abria los ojos
para sentise Vivo
sin necesidad de tocarse.

… pero pasaron los Años …

y   s_u_s   d_e_d_o_s    f_u_e_r_o_n   c_a_p_a_c_e_s    d_e   e_s_c_u_l_p_i_r   u_n   U_n_i_v_e_r_s_o

- Redondo -
de Colores.

Tags:

Avidez. Ávidos.

         Ingrávidez.

Mi boca.         Sólo es

un imán atractor de multitudes.

Tu soledad. Tu soledad es ansia cálida

pero yo

           sólo soy ÉTER.


La historia de un pokemon

         chiquitito

luchaba con las luciérnagas

de sus propios fantasmas

sin las cuales su alma

no tenía faros

          para iluminar las ansias

                     de su propia esperanza…

un mundo dónde pudiera romper

el cristal de su nintendo

ser libre.

Atravesar la pantalla

y tocar humanos

          acariciarlos

                   besarlos

                            enamorarse despacito.

Y poder encerrarlos después con cuidado

en otra pequeña nintendo.


- FINISH -

En el abismo de los lunes

sólo existen lagunas

oscuras / de visceras

sangrientas.

Depósitos irreprochables

de líquidos biliares

y vitaminas.

- STOP -

Vuelve pronto al día de las nubes

tumbado siempre / boca arriba

mirando al cielo / casi nada

sin tener que hacer algo

sin tener que mentir

para justificar tu letargo.

- START –

technorati tags:, , ,

Los hombres infinitos

                sólo tenían un punto de concentración.

                                – eterno -

                                                (eso sí)

Un punto reflexivo al que venían

cuando sentían jaquecas.

un refugio:

                tan limpio como oscuro

                donde dormir despacio.

pero un día

                tuvieron que venderlo

                – inter cambiarlo -

moneda de pago de adicciones inventadas.

y ahora,

ya no tienen NADA.

Sólo pueden estar

tendidos boca arriba

los brazos extendidos

los pies dispersos

los pensamientos elásticos. Imprevisibles.

La piel destensada. La mirada borrosa.

INFINITOS.

(pero un poco tristes)


El Dormitorio Invitado

tiene ya vendidas

todas las camas

de mi Pensión Interior

______

|       |

______

pero todas están vacías

todas partidas por el centro con un hacha gigantesca

que nos separa

- el Hambre Vecino -

espiará tras mis cortinas.

el Ojo implAcAble

_________acechante silencioso,

desde el J a r d í n S e c r e t o

d e P a p e l e s P i n t a d o s,

intentando OLER un poco

de mi Calefacción Interior.

Más no conseguirá, NO!

que me doble en MiL pedazos

de Cristal Arrugado ,

que dormiré una siesta

- e t e r n a -

de Erizo Circunspecto.

_

Y seré una bola

de algodón Feliz-Triste

Relleno de paciencia.

<br>

<br>

y en su centro estaré a salvo de todas las envidias.

V i v o

en el alambre

de tu recuerdo disperso

sólo en tus recuerdos

.

caminando sólo

sobre un cabello de tus mentiras

.

Soy un funambulista borracho

sobre un hilo de tu telaraña

.

y tengo mucho orgullo

pero muy poco equilibrio

.

soy

un crónico del vértigo

y peso tanto,

como un mar de mercurio

technorati tags:,

… y las piedras volaron

y con su vuelo comenzó la historia
de los cristales rotos
y los olores extraños.

Aún tengo el alma cansada
de correr tanto,   de seguir
mi propio rastro.

Pero algún día regreso <te lo juro>
-lleno de felicidad-

a tu periódico diario.   

Tags:

La Taberna del Delirio impregna trapos con miserias.

Servilletas de papel desecho en alcoholes.

Vanidades eufóricas con lengua de esparto.

Y la cuenta,

|

ay!,

la cuenta

|

*

|

esa maldita

|

*

|

intrusa

forastera.

technorati tags:,

Dame
un mirador enfermo
donde asomarme. Uno
que fecunde cataratas en mis ojos

que ya no quiero ver más,
los paisajes y manjares
que no disfrutaré:

que me compré anteojos
y los lancé al MAR

technorati tags:,

Cada cien pétalos que devoro,

vomito un suspiro

un lamento

una sonrisa desorientada

una mirada caída,

un

d e s e o .

technorati tags:,

Todos
los rincones
i n a u d i t o s ,

eran como monjas

esperando

un  .u n i c o r n i o.

Un éxtasis más físico

que sus propias t e l a r a ñ a s.

El laberinto Interior

Un Blog de Poesía Breve. O algo.

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