socks, feelings
relentless minds, whatever
an intuition cleaning your windows from outside
lamps. Many lamps in your hall or gutter
let them light your past dissapointments,
black hole of wisdom.
scarfs, feelings
hungry eyes, long winters
torchs, lanterns, suns of awakening
Los relojes asesinos me miraban con ojos de cordero
pero yo sólo quería estar en tu/mi regazo
Ella volvía un día a su casa del trabajo tarde, muy tarde; más tarde incluso del afterwork. Al girar la llave de la puerta, los cerrojos hicieron el mismo sonido de siempre, pero sutilmente distintos; más suaves. Abrió, entró y fué encendiendo las luces muy despacio, para relajar una extraña intuición que le agobiaba la nuca. Pero todo parecía en su sitio, perfectamente en su sitio.
Sin embargo algo había cambiado, y …ella lo notaba. No conseguía averiguar qué era todavía y de momento sólo parecía que todo olía más fresco, más ventilado.
Cuando lo lograra entender, la mañana siguiente iba a ser distinta de todas las anteriores. Mucho más limpia. Mucho más nueva.
los tabiques eran delgados
como paredes de papel arroz
pero ella no lo sabía
los tabiques eran translúcidos y débiles
y ella le echaba la culpa a la glaucoma
podría haberlos roto con un dedo meñique
podría haberlos derribado hasta soplando
pero recorrió kilómetros intentando bordearlos
antes de volverse despacio a su propia casa
para refugiarse
Tenía las piernas como dos palillos chinos: largas, pálidas y rectas. Sin ninguna curva porque eran tan delgadas que las curvas eran imposibles.
Andaba deprisa y a trompicones, con el sentido del ritmo imposible que había heredado de Ian Curtis. Parecía que se iba a caer en cualquier momento. Pero en realidad era tan fuerte como una jirafa y testaruda como un toro de piedra. Y nunca miraba a los lados. Parecía saber siempre donde dirigía y además tener muchíiisima prisa.
Pero lo cierto es que no lo sabía; sólo sabía inconscientemente lo que estaba buscando, pero no dónde encontrarlo.
Y así recorría la ciudad, cada mañana y cada noche, como si ésa fuese la última noche y la última mañana de After Hours, como si fuese a encontrarse con su propio espejo en alguna esquina, como si hubiera un desayuno para ella en algún café.
Como si las agotadas piernas de palillo chino fuesen por fin a encontrar descanso.
Ella no podía hacer dieta porque amaba demasiado a su perro.
Le daba los restos de la chuleta barbacoada cada noche y esta era su pequeña ceremonia privada de cariño cotidiano.
Por las mañanas era otra cosa.
Por las mañanas ya era tiempo de pensar en pajarillos, rincones abiertos, playas de Sorolla y cereales fibrosos con muy bajo índice glucémico.
Pero más bajo índice de amor.
Eres un pozo de riqueza interior.
Siempre lloras para dentro.
Siempre sangras para dentro.
Siempre te miras muy adentro.
Ojalá un día explotes o te desnudes
también por dentro
y tus vísceras tan sabias, al menos ellas
me miren a la cara.
Tengo un mandoble que me atraviesa el aura
y me amenaza el alma.
Malditos pájaros carpinteros,
nunca dejan de cantar
canciones de guerra.
Trabajaba en el bar que está justo enfrente del Viaducto y había conocido muchos suicidas.
Lo que más le molestaba de este asunto era que nunca era capaz de reconocerlos. Eran gente variopinta de toda calaña: siempre buena gente en general, educados, que decían gracias y dejaban propina y pedían palillos a veces. Nunca reclamaban las tapas, pero no había nada que los distinguiera de los demás. Unos parecían nerviosos y otros demasiado calmados. Unos hablaban sin parar y otros callaban. Enfadados, indignados, corruptos, infieles…Unos eran otros, y otros eran unos, porque él ya no se acordaba de mucho, pero lo cierto es que alguien que sabe que va a morir no despierta ningun tufillo putrefacto, ningún alumbramiento divino, ningún aura y ningún olor a cagalera. Eran gente bastante normal a simple vista y eso le jodía especialmente, porque él era gente normal a simple vista. Y podía acabar como ellos cualquier día.
Eso le hacía pensar. Las horas muertas del bar dan mucho juego. Se supone que alguien que deja lo único que somos, nuestro momento de consciencia desde que nacemos hasta que morimos, nuestra chispa de vida en la eternidad de la nada ¿la va a apagar conscientemente así, sin más conversación? debe hacer algo más,… qué cojones,… lanzar una proclama al mundo, llamar la atención, llorar, manifestarse, algo… Pero no, estaba harto de ver, casi una vez al mes, a gente que venía, pedia una o mil cañas y se iba directamente a las noticias, a la sección de sucesos del periódico local sin pasar por la casilla de la autoproclamación.
Y eso le hizo confirmarse a sí mismo que la muerte no es nada especial ni del otro mundo. Venimos a nacer y a morir, y morirse es como rascarse la parte convexaposterior de la oreja, pero con mucho más teatro. Y que además él no tenía sensibilidad ninguna e inteligencia poca, por tanto debía callarse y pensar poco.
…Aquel día, estaba especialmente distraído,… pero aquél día vino ella.
Y por primera vez en su vida camarera, se dió cuenta que algo pasaba. Algo le pasaba a esta chica. Tampoco era muy distinta de los otros, pero sí parecía que cuando entró en el bar era como que medio flotaba, no sé, que andaba pero sin querer. Habló de cosas normales, pero les daba un sutil giro indiferente que le hizo darse cuenta de que ella era uno de ellos.
Y de repente, ni coño supo por qué, después de ponerle la caña doble -que en su bar eran grandes como pintas con un golpe seco sobre la barra-, empezó a contarle una historia que le había contado su abuela.
A ver, la historia tenía unas plantas de tomate, guías, pimientos, agua y soles y moraleja. Lo siento, pero no tenía una historia mejor: soltó la primera historia que se le vino a la cabeza, porque no era chaval de historias, ni recordaba completas las historias de su abuela. Y la historia, si te la cuentan en una peli con música de violines podía parecer algo, pero luego no era tan lahostia.
Sin embargo ella la escuchó, y de algún modo entendió lo que él quería decirle medio sin querer.
No dijo nada, permaneció en silencio. Sin comentario. Se quedó pensativa mirando al cielo que sobrevolaba los edificios y el viaducto… Y en lugar de acabar con su vida decidió empezar una nueva que no tuviera mucho que ver con la suya. Desistió de tirarse al vacío. Y entonces le sonrió mucho y le dijo me-pasaré-otro-día-cómo-te-llamas-oye. Y se fue del bar sin más, pero su manera de andar flotando era ahora mucho más rítmica.
Entre nosotros, puede que la historia fuera incluso inventada, pero creo que a su abuela le hubiera gustado. Así que se paró un poco a reflexionar sobre lo que había hecho, empezó a erguirse, se limpió un poco la solapa y se estiró la chaquetilla.
Porque él ya no era gente normal a simple vista.
Y ella lo sabía.
un misterio roto
lleno de verdades
y ansiedades, un
fugaz momento, un
nada
un absolutamente
nada
Aquel día se había levantado temprano, pero no estaba dormido. Con prisa, se puso los pantalones antes de terminar de ponerse los calzoncillos y los calcetines antes de terminar con sus pantalones, por aquello del ahorro de tiempo.
Se levantó para acabar de vestirse y se quedó parado, sorprendido y trastornado por el extraño funcionamiento de su cabeza.
Su psiquiatra le dijo que era todo normal y su psicoanalista empezó a hablarle de su madre.
Nunca supo quién de los dos le estaba tomando el pelo, así que tuvo que asesinar a ambos.
Mientras huía pensó que, si le encontraban, iba a tener todo el tiempo del mundo para ahorrarlo o malgastarlo, que iban a dejarle en paz y por fin se acabarían todas las prisas.
He pasado la noche/
copulando /
con terremotos, mareas y otras criaturas/
He depositado/
toda mi simiente futura/
y me he quedado vacío de intenciones/
pero me siento más limpio.
Mucho más virgen
Seremos como dos becerros/
enamorados/
y berrearemos en diagonal/
las cabezas juntas/
hasta que la luna llena explote.
en el Rincón pequeño
dónde guardo las cosas grandes
el Vacío se ha expandido
y ya no queda ningun sitio
.
Fue aquella mañana que estábamos tan a gusto entre tus sábanas blancas y blandas, bañadas en el sol que se escurría desde la ventana. Sentía tus cariños y tus sutiles caricias muy de lejos pero a la vez muy por dentro, tanto que me daban un placer extraño, como cosquillas interiores que no entendía del todo. Y entonces, me dí cuenta que cada uno de tus besos, los más suaves, eran como un ojo minúsculo que plantabas en mi piel. Y que cada uno de ellos se quedaba viviendo en un poro distinto de mi cuerpo y echaba raíces, cada uno de esos ojillos un vigía que me observaba por fuera y que también abría una ventanita en mi pellejo para verme por dentro. Y no quise que pudieras ver cosas mías, de mi dentro, que yo mismo no podía, ni menos aún que me las contaras luego. Y me sentí muy débil, de nuevo.
Mientras tu me mirabas con los ojos de plato y de interrogación, dos puntos, no pude hacer otra cosa que salir corriendo.
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Me he borrado yo mismo
como cuando me miro borracho
en un espejo marcado de dedos
y sólo veo una noche
huérfana de soles y estrellas
Un día te encontraste aquel paraguas negro y gastado apoyado en un banco del parque. Recuerda que te encantó su empuñadura roja brillante con grabados. Te pareció un paraguas muy alegre.
Interpretaste aquel paraguas como una especie de señal y, después de una mirada pensativa, lo adoptaste como símbolo de tu nueva madurez -tu siempre habías odiado los paraguas-. Desde entonces te hiciste el propósito de cambiar de vida, de ser más ordenada, más responsable y menos desmemoriada, y ese paraguas era para tí el paradigma del cambio. Y te lo tomaste en serio, demasiado en serio en mi opinión. Recuerdo que al menor atisbo de nubes en el cielo cogías tu paraguas-negro-con-su-mango-rojo-brillante al salir de casa y lo llevabas siempre contigo a todas partes. Varias veces te avisé cuando lo dejabas olvidado en una cafetería o encima del mostrador del kiosko de tabaco, pero en general, conseguiste ser bastante disciplinada con el asunto. Aunque a veces se te caía al suelo, o golpeabas en el metro a algún pasajero distraida, lo mirabas orgullosa cada vez que conseguías salir de un sitio con el paraguas en la mano, sin olvidarlo y decías: ¡qué paraguas tan bonito! y con sonrisa triunfal, te sentías por instantes una persona normal. En el fondo estabas deseando que lloviera, para demostrar que habías sabido ser paciente en tu nueva maternidad y que la espera y el orden podían darte finalmente sus frutos. Pero aquel año, recuérdalo, fue el año de la sequía y no había manera de que lloviera. Y pasaron los meses, muchos y tú cada dos por tres, con tu paraguas a cuestas, tu sonrisa triunfal y tu qué-paraguas-tan-precioso.
Pero un día, por sorpresa, cuando salíamos de aquél café tan oscuro que tanto nos gustaba, llovía. Llovía tan fuerte como hacía muchos años que no llovía, como si el agua hubiera estado esperando encerrada dentro de una nube en una presa que ahora se había reventado de repente. Me miraste girando la cabeza muy despacio mientras empezabas a sonreir muy levemente, el agua cayéndote en chaparrón sobre el pelo; tu expresión todavía más triunfal de lo habitual. Bajaste la vista y le dijiste a tu paraguas lentamente y en voz baja: ¡Dios, que paraguas tan bonito! y comenzaste extender los brazos, recreándote en el momento, y lo abrías mientras lo mirabas sonriente y el agua se escurría implacable por tu frente. Pero al empujar el mecanismo de apertura y abrirlo, no sólo estaban rotas algunas varillas, sino que la tela estaba perforada por dos grandes agujeros que habían quedado ocultos entre los pliegues. La triste verdad era que nunca lo habías llegado a abrir para comprobar si estaba entero o si funcionaba… Sin sorpresa en tus ojos, tras una pausa infinita, comenzaste a partirte de risa repentínamente y los dos nos sentamos a carcajadas en la acera, tan empapados que ya nada importaba demasiado, sin parar de reir durante varios minutos… Luego dejaste de reir un poco, nos levantamos y abandonaste el paraguas abierto sobre la acera, mientras nos alejábamos caminando por el centro de la calle. Entonces me miraste otra vez, ahora muy seria, y me soltaste a bocajarro: Es inútil,…algunas cosas nunca cambian. Y aunque era fácil disimularlo, con la lluvia resbalando por tus ojos, yo sabía que estabas llorando cuando añadiste: Quiero que no nos veamos nunca más… no, ¡No te quiero!.
***
Acuérdate que después pasamos tres días practicamente sin salir de tu cama, en aquella habitación tan pequeña, los dos con una gripe de caballo, escuchando una y otra vez tus discos de Puccini mientras afuera, en la calle, seguía lloviendo desesperadamente. Y tú me besabas llorando el cuello muchas veces. Y también me sonreías.
Tags: relatos breves cuentos microrelatos minirelatos historias
veremos.
a ver,
pero yo me estoy congelando
sentado en este banco.
ya iremos viendo,
como dices siempre,
pero sigo esperando paciente
mirando hacia el cielo despacio.
y no parece,
que vaya a amanecer nunca
vivo en tu entrecejo
y te imagino sintiendome cerca de tus ojos
vivo en la mi memoria de tu recuerdo mio
y me pienso tan cerca como en tu cuerpo
y ya no quiero ser nada más
ni tan siquiera saber
si puedes verme,
si me conoces
El pellejo duro
que cerca mi cuerpo
curtido de polvo de siglos,
el sedimento sabio
que reside en mi oido
no permite el paso
del miedo .
El pellejo culto de polvo; sabio
que ensucia mi alma
y distrae mi ansia
me alimenta y me envuelve en su niebla.
pero lo puedes destruir.
Con una sola lágrima.
o
Cada vez que te quiero
vierto un vendaval.
No me hagas reir
que me siento débil.
Aquel verano,… fue raro.
Aquel verano no hubo una canción del verano. -y punto-
Y eso no había pasado nunca. Nunca desde que P. había tenido uso de razón. -y nunca-
Desde pequeña, recordaba la radio de su abuela, la de su madre, la de su walkman, la de su vecino de la terraza de al lado, la de su coche, la del transistor de la playa,… y a todos ellos llegaba cada verano, implacable como el calor del asfalto o las vacaciones, una canción que se colaba en su vida por los agujerillos del altavoz y permanecía allí para siempre. Cada una de ellas le traía a su memoria un acontecimiento concreto, un cumpleaños, un primer amor, el olor del pelo de alguien, una comida, a un compañero de clase o al profesor de la autoescuela. Las había oído bailongas, pegadizas, alegres, maquineras y horteras, muy horteras. Pero SIEMPRE había existido una canción. Al menos UNA, cada verano.
El caso es que, aquel verano , los días pasaban, y las semanas,… Y ese himno estival que unía a la gente en el baile, en el tarareo, en los silbidos o en la crítica despectiva no llegaba nunca. Aquella cancioncilla que se pega en la parte trasera del cerebelo y no puedes dejar de cantar. La que une secretamente con sinapsis extrovertida las neuronas del inconsciente colectivo, formando una red de conexiones tan intangibles como beneficiosas para la salud popular.
Lo que más molestaba a P. era q nadie parecía darse cuenta: Nadie decía nada. La gente paseaba a sus perros -o viceversa-, tomaba cerveza y biterkás en las terrazas -o viceversa-, limpiaba-sus-gafas-de-sol-con-las-camisetas-de-algodón-fino-de-tan-buen-caer de-esas-que-venden-ahora-que-duran-sólo-dos-lavados … <suena un claxon, … uy que me duermo>… Y el ardor atravesaba el cuero cabelludo de P.. Se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo pensando al sol cuando empezaron a calentarse sus ideas al baño maría en círculos concéntricos. Pero llevada por la pasión embriagadora del pensamiento recalentado, decidió hacer algo. No podía quedarse demasiado tiempo sin hacer Nada. Se autoconvenció de que todo este asunto podía traer consecuencias catastróficas y de que ella podía hacer Algo. Y no era habitual que ella hiciera Algo, pero esta vez estaba en una misión-de-dios.
Muy científica ella, para descartar el muy posible hecho de que el efecto rallante de este verano sin vacaciones, o la ola de calor, le hubieran afectado demasiado al criterio, se encerró un día en su casa para reflexionar sobre todo ello. Y porque su vida social en los últimos meses tampoco ofrecía ninguna garantía de que no existiera tal canción y ella no hubiera sabido reconocerla. Y se dispuso a elaborar un estudio sociológico con los conocimientos tan pacientemente adquiridos en la Facultad.
Y salió a la calle, determinada a encuestar a todo aquel que cruzara su camino. No tenía demasiada pinta de socióloga. O de encuestadora. O de periodista. O de casi nada… y tuvo problemas. Con sus malos pelos y su mirada intensa, tuvo problemas. Algunas personas no le respondían, otras no le miraban, algunas le dieron pequeños empujones, una colleja, un bolsazo y otros hasta le insultaron. Pero perseveró. Perseveró mucho y consiguió muchas respuestas… y después leyó el recuento en alto, con voz de bingo, para desdramatizar un poco. Y no había canción con más de tres votos. Era evidente que no parecía haber una canción con un mínimo de carisma generalizado. Ahora estaba segura de que el mundo estaba perdido; perdido e ignorante. Pero, por si acaso, intentó seguir siendo objetiva hasta el final. Recorrió chiringuitos, terrazas, baretos y garitos. Entró en varias discos, algún club, algunos locales de moda y otros no tanto. En aquellos sitios donde no tuvo discrepancias previas con el señor de la entrada, constató a ciencia cierta -que ella era muy fina-, que no existía en absoluto unanimidad sobre la cuestión. Sonaban canciones conocidas, alguna incluso pegadiza, pero ninguna se llevaba el título indiscutible de canción del verano. ¿Dónde se habían metido los Georgie Dann, Los King Africa, los reggaetones o el Dúo Dinámico…? Aquella última noche, P. estaba muy triste. Alcohol con Depresión servidos entre los cubitos del cubata.
El año que siguió a aquel verano no fue demasiado bueno. La morriña parecía apoderarse de ella y la tristeza, de la gente. Hubo disputas en la comunidad de vecinos, problemas con su portero, atracos en el barrio y hasta una violación. También un muerto. La economía fue desastrosa en el país a cuenta de la Burbuja y su hermana mayor perdió todos sus ahorros en la Bolsa. Una masa uniformemente gris recalcitrante se apoderaba de la ciudad. La primavera llegó pero no salía demasiado el sol, ni siquiera llovía. No se veían niños recién nacidos por ningún sitio y P. se sentía muy mal, cada vez peor. Esa noche, en su casa, se agarró de nuevo al delirium tremens con desesperación. A la mañana siguiente, la Resaca implacable diagnosticaba muerte por desazón. El contorno de P. se desdibujaba por momentos. No tenía energías para hacer lo que debía hacer, pero tuvo un impulso y se levantó del sofá despacio, muy despacio. Pasó de largo por delante de dos cajas de somníferos sobre la mesa y fue a por la guitarra, sí, la que llevaba 20 años enterrada en polvo y llena de pelusas con nombre propio. El verano siguiente no se quedaría también huérfano de canciones. Miró los trastes. Miró las cuerdas. Y comenzó a tocarlas despacito.
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["USAMBO RAILWAYS"]
Un ferrocarril en espiral
que sólo llegaría dando tumbos
a sí mismo.
Sólo descubriría en su destino minúsculo,
que no necesitaba a los espejos
para hablarse.
y el ángel trapecista del vagón-circo
sólo era una mujer
vestida de brillantes
Tags: Poesía poemas pensamientos literatura spanish poetry Ferrocarril Tren circo
La Estrella Amarilla significaba
Muerte
en los pasos de rosca…
Una Estrella de Mar pecosa
devorándolo TODO
silenciosamente
Tags: poemaspoesía estrella_de_mar pensamientos spanish poetry
el Niño ciego
-cuando era niño-
no necesitaba poder ver, para despertarse.
Con su linterna
apagada
en la mano,
abria los ojos
para sentise Vivo
sin necesidad de tocarse.
… pero pasaron los Años …
y s_u_s d_e_d_o_s f_u_e_r_o_n c_a_p_a_c_e_s d_e e_s_c_u_l_p_i_r u_n U_n_i_v_e_r_s_o
- Redondo -
de Colores.
Tags: Poesía poemas pensamientos literatura spanish poetry Universo
Avidez. Ávidos.
Ingrávidez.
Mi boca. Sólo es
un imán atractor de multitudes.
Tu soledad. Tu soledad es ansia cálida
pero yo
sólo soy ÉTER.
La historia de un pokemon
chiquitito
luchaba con las luciérnagas
de sus propios fantasmas
sin las cuales su alma
no tenía faros
para iluminar las ansias
de su propia esperanza…
un mundo dónde pudiera romper
el cristal de su nintendo
ser libre.
Atravesar la pantalla
y tocar humanos
acariciarlos
besarlos
enamorarse despacito.
Y poder encerrarlos después con cuidado
en otra pequeña nintendo.
- FINISH -
En el abismo de los lunes
sólo existen lagunas
oscuras / de visceras
sangrientas.
Depósitos irreprochables
de líquidos biliares
y vitaminas.
- STOP -
Vuelve pronto al día de las nubes
tumbado siempre / boca arriba
mirando al cielo / casi nada
sin tener que hacer algo
sin tener que mentir
para justificar tu letargo.
- START -
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Los hombres infinitos
sólo tenían un punto de concentración.
– eterno -
(eso sí)
Un punto reflexivo al que venían
cuando sentían jaquecas.
un refugio:
tan limpio como oscuro
donde dormir despacio.
pero un día
tuvieron que venderlo
– inter cambiarlo -
moneda de pago de adicciones inventadas.
y ahora,
ya no tienen NADA.
Sólo pueden estar
tendidos boca arriba
los brazos extendidos
los pies dispersos
los pensamientos elásticos. Imprevisibles.
La piel destensada. La mirada borrosa.
INFINITOS.
(pero un poco tristes)
El Dormitorio Invitado
tiene ya vendidas
todas las camas
de mi Pensión Interior
______
| |
______
pero todas están vacías
todas partidas por el centro con un hacha gigantesca
que nos separa
- el Hambre Vecino -
espiará tras mis cortinas.
el Ojo implAcAble
_________acechante silencioso,
desde el J a r d í n S e c r e t o
d e P a p e l e s P i n t a d o s,
intentando OLER un poco
de mi Calefacción Interior.
…
Más no conseguirá, NO!
que me doble en MiL pedazos
de Cristal Arrugado ,
…
que dormiré una siesta
- e t e r n a -
de Erizo Circunspecto.
_
Y seré una bola
de algodón Feliz-Triste
Relleno de paciencia.
<br>
<br>
y en su centro estaré a salvo de todas las envidias.
V i v o
en el alambre
de tu recuerdo disperso
sólo en tus recuerdos
.
caminando sólo
sobre un cabello de tus mentiras
.
Soy un funambulista borracho
sobre un hilo de tu telaraña
.
y tengo mucho orgullo
pero muy poco equilibrio
.
soy
un crónico del vértigo
y peso tanto,
como un mar de mercurio
… y las piedras volaron
y con su vuelo comenzó la historia
de los cristales rotos
y los olores extraños.
Aún tengo el alma cansada
de correr tanto, de seguir
mi propio rastro.
Pero algún día regreso <te lo juro>
-lleno de felicidad-
a tu periódico diario.
Todos
los rincones
i n a u d i t o s ,
eran como monjas
esperando
un .u n i c o r n i o.
Un éxtasis más físico
que sus propias t e l a r a ñ a s.
Algunas cosas , sólo son inversas,
yo me empeño en girar la cabeza para intentar leer entre líneas,
pero todo sigue siempre del revés, inverso
tengo torticolisgalopante, 5 contracturascervicales y mucho mareo
pero sólo sigue todo del revés
incluso he instalado una barra de la que me cuelgo boca abajo cada día
y todo sigue inverso.
Pero he descubierto,
que si cierro los ojos,
las cosas inversas dejan de jugar conmigo y se paran
y que su estado natural es el estado naturalmente inverso, del revés
así que me he vuelto a colgar de las piernas, balanceándome
con los ojos cerrados, pensando para ver si entendía
y me he quedado dormido tan a gusto.
Y así, llevo varios días:
un hombre feliz dormido a la inversa.
Que ya no piensa.
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