Un día te encontraste aquél paraguas negro y gastado apoyado en un banco del parque. Recuerda que te encantó su empuñadura roja brillante con grabados. Te pareció un paraguas muy alegre.
Interpretaste aquel paraguas como una especie de señal y después de una mirada pensativa, lo adoptaste como símbolo de tu nueva madurez -tu siempre habías odiado los paraguas-. Desde entonces te hiciste el propósito de cambiar de vida, de ser más ordenada, más responsable y menos desmemoriada, y ese paraguas era para tí el paradigma del cambio. Y te lo tomaste en serio, demasiado en serio en mi opinión. Recuerdo que al menor atisbo de nubes en el cielo cogías tu paraguas-negro-con-su-mango-rojo-brillante al salir de casa y lo llevabas siempre contigo a todas partes. Varias veces te avisé cuando lo dejabas olvidado en una cafetería o encima del mostrador del kiosko de tabaco, pero en general, conseguiste ser bastante disciplinada con el asunto. Aunque a veces se te caía al suelo, o golpeabas en el metro a algún pasajero distraida, cada vez que conseguías salir de un sitio con el paraguas en la mano, sin olvidarlo, lo mirabas orgullosa y decías: ¡qué paraguas tan bonito! y con sonrisa triunfal, te sentías por instantes una persona normal. En el fondo estabas deseando que lloviera, para demostrar que habías sabido ser paciente en tu nueva maternidad y que la espera y el orden podían darte sus frutos. Pero aquel año, recuérdalo, fue el año de la sequía y no había manera de que lloviera. Y pasaron los meses, muchos, y tú cada dos por tres con tu paraguas a cuestas, tu sonrisa triunfal y tu qué-paraguas-tan-precioso.
Pero un día, por sorpresa, cuando salíamos de aquél café tan oscuro que tanto nos gustaba, llovía. Llovía tan fuerte como hacía muchos años que no llovía, como si el agua hubiera estado esperando encerrada dentro de una nube en una presa que ahora se había reventado de repente. Me miraste girando la cabeza muy despacio mientras empezabas a sonreir muy levemente, el agua cayéndote en chaparrón sobre el pelo; tu expresión todavía más triunfal de lo habitual. Bajaste la vista y le dijiste a tu paraguas lentamente y en voz baja: ¡Diós, que paraguas tan bonito! y comenzaste extender los brazos, recreándote en el momento, y lo abrías mientras lo mirabas sonriente y el agua se escurría implacable por tu frente. Pero al empujar el mecanismo de apertura y abrirlo, no sólo estaban rotas algunas varillas, sino que la tela tenía dos grandes agujeros que habían quedado ocultos entre los pliegues. La triste verdad era que nunca lo habías llegado a abrir para comprobar si estaba entero o si funcionaba… Sin sorpresa en tus ojos, comenzaste a partirte de risa repentínamente y los dos nos sentamos a carcajadas en la acera, tan empapados que ya nada importaba demasiado, sin parar de reir durante varios minutos… Luego dejaste de reir un poco, nos levantamos y abandonaste el paraguas abierto sobre la acera, mientras nos alejábamos caminando por el centro de la calle. Entonces me miraste otra vez, ahora muy seria, y me soltaste a bocajarro: Es inútil, algunas cosas nunca cambian. Y aunque era fácil disimularlo, con la lluvia resbalando por tus ojos, yo sabía que estabas llorando cuando añadiste: Quiero que no nos veamos nunca más… ¡No te quiero!.
***
Acuerdaté que después pasamos tres días practicamente sin salir de tu cama, los dos con una gripe de caballo, escuchando una y otra vez tus discos de Puccini mientras, fuera, seguía lloviendo desesperadamente. Y tu me besabas llorando el cuello muchas veces. Y también me sonreías.
Tags: relatos breves cuentos microrelatos minirelatos historias

15 comments
Comments feed for this article
16 Enero 2008 a 4:53 am
urubusputanus
Y son los paraguas como los hombres……
16 Enero 2008 a 8:07 am
claudiabrena
La historia me conmovió muchísimo, sobre todo el final. Por cierto, para cualquier pregunta sobre el desarreglo emocional femenino la respuesta siempre es… “las hormonas, amigo, las hormonas”
jaja.
16 Enero 2008 a 11:28 pm
duendecilla
Mmmm… a eso en mi tierra se le llama apego…
17 Enero 2008 a 11:32 pm
Santi Moskito
yo creo que los cuerpos vulnerables son los hombres, y las mujeres paraguas que nos protegen de nosotros mismos
18 Enero 2008 a 12:53 am
duendecilla
Entonces, ¿las mujeres son paraguas con agujeros y varillas rotas que protegen a los hombres de sí mismos? Pues menudo futuro nos espera…
18 Enero 2008 a 12:55 am
Santi Moskito
asin están las cosas y asin se las hemos contado
21 Enero 2008 a 5:18 pm
Pat
Jajaja, menudo plan eh!
21 Enero 2008 a 7:15 pm
Santi Moskito
Bueno,… todo podría ser mucho peor:
Podríamos no tener paraguas o ni siquiera necesitarlos porque nunca lloviera,
o estar en Galicia y empaparse hasta llevando paraguas, o que el temporal nos llevara volando con paraguas y todo o que la lluvia fuese ácida o incluso radiactiva…
26 Enero 2008 a 12:30 am
Catalina Trujillo de la U
Qué buena historia. En caso de ser cierta, qué triste historia. El final puede ser bueno y malo, todo depende de lo que sintieran sus protagonistas. Saludos.
31 Enero 2008 a 1:07 pm
Marta
Habría que darle las gracias a Cortazar y su Rayuela por este relato…
ya que está más que inspirado en el capítulo uno.
Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria.
31 Enero 2008 a 4:11 pm
Santi Moskito
Efectivamente Marta, está justamente inspirado y homenajea precisamente ese pasaje, me alegra que te hayas dado cuenta, aunque a lo mejor no era tan dificil.
Imaginé dos fotografías: Una Oliveira y la Maga encontrando el paraguas, otra de Oliveira y la Maga empapados y muriendose de la risa, y de ahí me quedé mirando las fotos, como si no les conociese de nada, e interpretando la historia de lo que podía haber pasado antes, durante y después…
…Ahora bien, detecto reproche o denuncia en tus palabras. Si has leido Rayuela y mi historia despacio, no sólo fijándote en palabras sueltas (paraguas, varillas, carcajadas bajo la lluvia…), también entenderás -lo siento por el agravio comparativo que me perjudica-, que el personaje de ella no tiene nada que ver con la Maga en su comportamiento, ni nada que ver la historia que cuenta el relato con lo que cuenta Rayuela…
Pero que al menos sirva tu mensaje anónimo en la pizarra de clase como un merecido homenaje a Cortázar.
P.S.:
…Nota mental: tengo que releer el quijote
tu post me ha recordado a Pierre Menard
31 Enero 2008 a 6:02 pm
Marta
Para nada es un reproche!!!
De hecho, lo he relacionado inmediatamente con Rayuela , y he creído por un instante que era un cuento mío…que escribí hace mucho tiempo, de jovencita, cuando estaba releyendo Rayuela..luego me ha gustado, me ha sabido a pasado…mi único “reproche” si es que lo tengo, es que nunca está de más agradecer su labor a las musas…
O) Encuentro (a Rayuela, a la Maga)
En la cafetería de la esquina sirven el mejor café del mundo , y aunque no es un
lugar de paso , la gente se amontona en la puerta para tomarlo . Allí nos
conocimos , entre gritos y sorbos , entre solos , cortados , americanos ,
irlandeses y dobles , entre tanta gente , que no alcanzo a recordar cuando te vi
por primera vez … recuerdo una tarde de lluvia , como siempre , olvidé mi
paraguas , te acuerdas del paraguas? era como el de la Maga , totalmente
desilachado.. aunque yo no me lo encontré , más bien me encontro el a mi ,
cuando su dueño decidió lanzarlo como un misil por la ventana de la cocina…
vete tu a saber porque? No estaba en buen estado…pero esa no fue la razón ,
seguro.Más bien lo tiró la ira , la rabia , un impulso.. como el que nos entró
aquella vez que rompimos el escaparate de aquella boutique porque se nos antojó
que el maniquí nos estaba haciendo muecas… y nosotros tan deprimidos.. como se
atreve señorita …y lo hicimos… menos mal que nosotros siempre corremos más ,
o con más ganas… Pero bueno, tratabamos de adivinar cuando fue que nos
aparecimos , habiamos retrocedido hasta el paraguas , creo que estaba en la
mesita del fondo , y casualmente tu te sentaste en ella … te clavaste una
barilla , y encima te disculpaste por haberla partido… estos argentinos… tan
educados , pensé yo , tu siempre tan educado , os lo enseñan en el colegio? más
bien es innato , como tu bondad y tu sin prisa , como tu nobleza , como tu amistad…
31 Enero 2008 a 8:43 pm
duendecilla
Joe… cuánta meláncolia junta… me voy a poner a llorar…
6 Febrero 2008 a 11:39 pm
Paraguas (micro-relato)
[...] Paraguas (micro-relato)laberintointerior.wordpress.com/2008/01/16/paraguas/ por caramelosdemora hace pocos segundos [...]
5 Junio 2009 a 1:03 am
Florencia
que buen relato! la verdad que por más que haya sido inspirado en uno de cortázar, está bastante bueno. me encantó!