Las había estado esperando muchos años. Por fin aparecieron aquella noche, las Estrellas Fugaces, y ella les pidió su primer y único deseo, el que tenía guardado desde siempre. Se lo concedieron instantáneamente y de repente se sintió muy feliz. Infinitamente feliz y completa. Pero la alegría desapareció tan pronto como había llegado. El deseo permaneció cumplido, pero la felicidad le había durado sólo un instante. No había contado con que eran estrellas fugaces.

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Él, enseguida vió la primera estrella fugaz. Y le pidió también un deseo. La estrella comenzó a crecer y a iluminarse cada vez más. Al ver como se hacía más grande, lo tomó como una señal o un presagio. Y siguió pidiendo más, y más cosas. La estrella crecía y crecía y … él había entrado en una especie de trance de avaricia.
Murió fugazmente de madrugada. Aplastado por un meteorito o un cometa o una bola de fuego o una bolsa de excrementos caída de la Estación Espacial Europea.