Ella no podía hacer dieta porque amaba demasiado a su perro.
Le daba los restos de la chuleta barbacoada cada noche y esto era su ceremonia privada de cariño cotidiano.
Por las mañanas era otra cosa.
Era tiempo de pensar en pajarillos, rincones abiertos, playas de Sorolla y cereales fibrosos con muy bajo índice glucémico.
Pero más bajo índice de amor.
Advertisement

Deja un comentario
Feed de los comentarios de este artículo