Tenía las piernas como dos Palillos chinos, largas, pálidas, rectas y sin ninguna curva, porque eran tan delgadas que las curvas eran imposibles. Andaba deprisa y a trompicones, con el sentido del ritmo imposible que habia heredado de Ian Curtis. Parecía que se iba a caer en cualquier momento. Pero en real era tan fuerte como una jirafa y testaruda como un toro de piedra. Y nunca miraba a los lados. Parecía saber siempre donde dirigía y además tener muchíiisima prisa, pero lo cierto es que sólo sabía, sin saber, qué era lo que lo que buscaba, pero no dónde encontrarlo.
Y así recorría la ciudad, cada mañana y cada noche, como si esa fuese la última noche y la última mañana de After Hours, como si fuese a encontrarse con su propio espejo en alguna esquina. Y las agotadas piernas de palillo chino fuesen por fin a encontrar descanso.
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