Ella. Las había estado deseando mucho tiempo. Pero sólo aquella noche consiguió esperar con paciencia, enhebrada de un cielo muy negro fecundado de astros. Aguardó hasta que empezaba a hacer frío y la humedad de la arena se colaba por su espalda. Y por fin aparecieron estelarmente -Las Estrellas Fugaces- y Ella sonrió, arrugando los ojillos para concentrarse y pedirles su primer y único deseo, el que tenía guardado desde siempre.

No tuvo que esperar mucho. Se lo concedieron instantáneamente y enseguida se sintió muy feliz. Infinítamente feliz y completa.  Pero la alegría desbordada empezó a desvanecerse casi tan pronto como había llegado. El deseo permaneció cumplido, pero la felicidad adyacente le había durado sólo un rato.

No había contado con que eran estrellas fugaces.

-.-

Él. Tumbado en la playa junto a Ella, enseguida vió la primera estrella fugaz. Y no tardó impaciente en pedir también su deseo. La Estrella comenzó a crecer iluminándose poco a poco, cada vez un poco más. Y al ver cómo se hacía más grande, se pidió tomarlo como una señal o un presagio divino. Y siguió pidiendo más, y más deseos. La Estrella crecía y crecía y Él … había entrado en una especie de trance de avaricia convulsiva.

Murió fugazmente ya casi de madrugada. Aplastado por un meteorito o un cometa o una bola de fuego o, más probablemente, una bolsa de excrementos caída de la Estación Espacial Europea.