Ella volvía un día a su casa del trabajo tarde, muy tarde; más tarde incluso del afterwork. Al girar la llave de la puerta, los cerrojos hicieron el mismo sonido de siempre, pero sutilmente distintos; más suaves. Abrió, entró y fue encendiendo las luces muy despacio, para relajar una extraña intuición que le agobiaba la nuca. Pero todo parecía en su sitio, perfectamente en su sitio.
Sin embargo algo había cambiado, y …ella lo notaba. No conseguía averiguar qué era todavía y de momento sólo parecía que todo olía más fresco, más ventilado.

Cuando lo lograra entender, la mañana siguiente iba a ser distinta de todas las anteriores. Mucho más limpia. Mucho más nueva.